7.22.2005

Esos días filosos

Hoy tengo uno de esos días filosos: no se si rayo la euforia o estoy por partirle la cara al primer pelotudo que se me cruce en un arranque de ira. Estos días son siempre peligrosos, e indefectiblemente terminan mal. Que extaño, justo un viernes, donde normalmente el cansancio no me deja otras opciones de mirar la vida en un estado absolutamente zen.

Los días de mi semana son así, que le voy a hacer. Los lunes no la paso tan mal, contrariamente a lo tan predicado. El lunes para mí tiene el buen tino de haber acabado con el domingo insoportable (hasta el mediodía se maneja, pero las tardes domingueras son irritantes) y, además, todavía uno tiene el gustito del fin de semana en la boca. Los martes de depresión (si, que se yo, se da de esta manera) son el peor día: ya no hay sabor de fin de semana, hay que laburar en serio, y todavía falta para el próximo viernes. Luego vienen los miércoles, que todos saben, es como un recreo a mediados de semana. Seguro nos encontramos a cenar, o por lo menos a tomar algo al salir de la oficina. Y es el día más barato del cine.
Los jueves... que días lindos, los jueves. Esos días son los mejores. Uno ya palpita el fin de semana. Se labura bien, con buen ritmo, todo lo que debe resolverse tiene chance aún de ser resuelto, y en casa del Gato es inevitable el aquelarre. Justo ese día caemos todos, sin cita, a guitarrear y hacer una avant - premiere del finde. Los jueves son fantásticos.
Los viernes ya son un jolgorio. Se labura lo menos posible, porque total... ya nada se puede solucionar. Todo el mundo esta de buen humor, se permiten los recreos mas largos que lo normal, y para mí era el día de almorzar con mis abuelos. Ahora ya no, porque la economía complica las juntas pantagruélicas de ese estilo; pero de todas maneras me quedó el buen recuerdo de esos almuerzos caserísimos. Sobre la hora de irse, en la oficina hace unos 15 minutos que lo único que se mueve es el mate y la charla de "que vas a hacer el fin de semana?".

Luego los sábados de gloria.

Y de nuevo el medio día que es el domingo. El resto del día es un agujero negro.

Por eso me extraña este viernes filoso. Podría enamorarme o abrirte las tripas de un solo zarpazo.

7.07.2005

Parate frente a mí

Me pregunto en que momento vas a descubrirme de una vez y por todas. No dejo de pensar que lindo que sería que nos dieras una tregua, que dejaras de dar vueltas como un gato, que dejaras de lado los juegos, los miedos, la inhibiciones, para plantarte frente a mí y verme por primera vez en serio, con franqueza, sin preocupaciones, sin que nada te vele los ojos. Que me veas como yo te veo, que te acerques como yo me acerco, y que los dos abramos las puertas a los sentidos, a mirarnos profundo, a besarnos profundo, a querernos profundo.
No me importa cuanto dure, no me importa que me elijas o no lo hagas. Pero me gustaría que te tomes vacaciones del juego macabro en el que estás inmerso, y que nos des tiempo a disfrutarnos mientras nos sea posible. Sabés que me estoy yendo, sé que estas eligiendo otra vida: es el ahora o nunca que luego lamentaremos si no se da. Es el momento bisagra en nuestras vidas, y sería maravilloso que pudiera respirar tranquila en tu pecho, y vos supieras simplemente dejarte llevar por mis manos.
Que mas decirte? Me causa gracia cada vez que estamos reunidos, llenos de gente, amigos, música, humo, vino, novias, ruido, y vos en la otra punta de la sala levantás la vista solo para mirarme. Y yo levanto la vista y te veo, también, y entonces hay que huir y disimular, no es cuestión que la gente se entere que nos podemos ver tan bien a la distancia. Y me sonrío, y me llena saber que estás pendiente, del otro lado, con el rabillo del ojo, que si no fueran las reglas del juego estarías a mi lado, abrazándome, dejándote acariciar, riendo, satisfechos y plenos, de aquí a la eternidad, o hasta mañana.
Creo que ya te he demostrado que no tengo problemas si las cosas no funcionan, que de todas maneras puedo seguir a tu lado, como tu amiga fiel, que puedo seguir y disfrutar cuando sos feliz y entristecerme cuando estás mal, y ayudarte en las decisiones, inclusive en las que tengan que ver con tus mujeres. Creo que eso ya quedó en claro: no sos el hombre de mi vida; no soy la mujer de la tuya. Sabés que amo a tu hija mas allá de que sea tu hija; sabés que soy capaz de disfrutarla por la personita maravillosa que es y no por quedar bien con el padre. Sabés que añoro el clima de tu casa, la charla con tu vieja, la complicidad con tu hermana, todo eso que me dejaste probar en alguna oportunidad y a lo que me he vuelto adicta. Eso sí lo celo. Celo sobremanera que otra persona pase tiempo con tu nena, pueda tomarse unos mates con tu mamá, se ría tanto con tu hermanita.

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