1.27.2006

Estado de Ánimo

Estoy re-podrida de mi trabajo. Me tiene harta. Mi jefe es una pobre cucaracha con algo de dinero (sabemos que tipo de "personas" son) y la chiquilina que contrató es un paradigma de la histeria femenina que me persigue rompiéndome las pelotas.

Odio las "charlas motivadoras" en el trabajo. Odio que quieran obligarme a amar lo que hago, solo porque me pagan para hacerlo. Si trabajo bien, si soy responsable y eficiente, si siempre me estoy superando y soy buena empleada, porque mierda me rompen las pelotas con cosas del estilo: "Debería importarte más"; o "llegar cinco minutos antes del horario de entrada no te haría daño"; o "disculpá que te llame esta noche de domingo, pero necesito un teléfono de taxi..."

Un momento: Mi vida no es mi trabajo. Trabajo para obtener los medios para poder hacer con mi vida lo que quiero. Y encima, trabajo bien. No me rompas las pelotas. No voy a chuparle las medias a nadie, no voy a venir a trabajar los feriados, no voy a usar mis fines de semana pensando como optimizar el trabajo que hacemos, no voy a sonreirle al jefe cuando entra si tengo una gripe y 40ºC de fiebre; porque vine a trabajar en esas condiciones y en peores, porque sin chistar le dediqué a este laburo muchísimas de mis horas libres muchos años para poder trabajar cada día mejor, porque dediqué mis mejores simpatías a obtener una buena relación con clientes y corresponsales, porque siempre me comporté de manera honrada y me hice una reputación a costa de ello que hoy te sirve, cucarachita, para sacar las papas del fuego, y nunca, pero NUNCA me aumentaste el sueldo ni cinco pesos; y JAMAS tuviste la deferencia de preguntarme como estaba, como me sentía, que planes tenía, si tenía alguna opinión, nada.

Eso se paga, cucarachita. Caro, carísimo.

Una de mis maneras de hacértelo pagar, es que todo me chupe un huevo y trabajar " a reglamento", como dicen los estatales.

Salud, cucarachita. Dios se apiade de vos cuando pierdas a esta secretaria para siempre.

1.15.2006

Feliz 2006

Este año no empezó con los mejores augurios... Si bien ninguno me hirió personalmente, el día número uno fue un compendio de pequeños desastres circundantes.

Igual, sea como fuere, le tengo fe. No me pregunten porqué: le tengo fe a este año que empieza.

Salud.

Contador de visitas