Lunes por la tarde

Hay demasiado otoño para estar sola.
Hay demasiada luna para estar vivo.
Camino sin rumbo, oteando ventanas
Que amarillas de calor de hogar me llaman.
Bordeo el cementerio que está en el centro
Y anhelo
Pegarme a sus paredes, como un camaleón
Confundirme, fundirme en un abrazo de paz
Y dormir hasta que valga la pena despertar.
Pero la vida, tenaz, me pellizca la carne
Y me pongo la campera sobre los hombros desnudos
Hay demasiada música en el aire
Y estoy ebria de aromas y sinsentidos.
Hay demasiado otoño para estar sola
Hay demasiada luna para estar vivos.
